Por Luz Andrea Gómez Brito.

Versiones resumidas de las obras insignes de la literatura reposan en las estanterías de librerías locales o ventas de libros callejeras, esperando ser adquiridas por algún estudiante que debe leer obligatoriamente una de ellas para obtener una calificación en su clase y no por el placer que produce la lectura. Es decir que, obras catalogadas como ‘joyas de la literatura’ pierden su esencia al ser reproducidas a manera de resumen, las cuales son adquiridas por un grupo de estudiantes solo para cumplir con la tarea y no porque quieran leer para la vida. Y es allí, en el aula de clase, en donde también se forman grandes lectores y escritores.

Obras como ‘Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra; ‘Cien años de soledad’, de Gabriel García Márquez; ‘Crimen y castigo’, de Fiódor Dostovyesky; ‘La divina comedia’, de Dante Alighieri; ‘La odisea’, de Homero; ‘María’, de Jorge Isaacs; ‘Orgullo y prejucio’, de Jane Austen; ‘Cumbres borrascosas’, de Emily Brönte; ‘Romeo y Julieta’, de William Shakeaspeare; ‘Madame Bovary’, de Gustave Flaubert; ‘Ana Karenina’, de León Tolstoi; ‘Los miserables’, de Víctor Hugo; ‘Rayuela’, de Julio Cortázar. Son algunas de las novelas que figuran como las más importantes de la literatura y, por ende, su lectura debe ser obligatoria para la humanidad.

“La lectura debe ser una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz”. Jorge Luis Borges. Foto/ Jhonny Molina.

Lamentablemente varias de estas novelas que poseen un gran valor literario por su aporte gramatical, narrativo y creativo son leídas en ejemplares que no tienen ni la mitad de las páginas que narran las historias elaboradas por sus escritores. En ocasiones estas obras son adquiridas en este formato porque son rápidas de leer, se desconoce el valor educativo y emocional de un libro o por encontrarse a bajo costo, y este último es otro tema de discusión.

Es cierto que leer los clásicos y a los más afamados escritores resulta indispensable debido a su calidad literaria, pero para llegar allí primero debe haber un proceso de seducción por los libros. Entonces, si lo que se desea es conquistar el corazón lector de una persona por qué no detenerse a preguntarle sobre sus gustos, conocer sus inclinaciones académicas, analizar su comportamiento, recomendarle un libro de acuerdo a sus preferencias, reconocer que no todos los libros producen la misma sensación en todos, dejar de lado el ego literario y empezar a proporcionar historias que sirvan de puente para ganar adeptos en el mundo de las letras.

Javier Cercas escribió: “la literatura es un servicio de urgencias”. Y sí, la literatura es un servicio a donde recurrimos con el propósito de aliviar nuestra existencia, fugarnos a una realidad que no nos pertenece, lograr que una frase nos devuelva las emociones y agudice los sentidos, y de hallar una respuesta a las dudas que nos acechan. Por eso, el camino de la lectura es maravilloso, pero sinuoso; puesto que en ese trasegar por encontrar una historia que aliviane nuestras cargas tropezamos con lecturas que cambian por completo nuestra visión, párrafos que nos despiertan ante la realidad, personajes que invitan a replantear aspectos cotidianos, palabras que podríamos balbucear en una conversación; pero también se nos atraviesan lecturas insatisfechas, esas que no soportamos. Cuando suceda esto debemos detenernos a reflexionar. Ya que si a un lector asiduo una novela, un poema o un cuento le produce repulsión, ¿qué podría sentir un lector primerizo si se inicia en la lectura con una historia desagradable según su criterio?

El escritor, ensayista y poeta Jorge Luis Borges dijo: “yo siempre les aconsejé a mis estudiantes que si un libro los aburre lo dejen; que no lo lean porque es famoso, que no lean un libro porque es moderno, que no lean un libro porque es antiguo. La lectura debe ser una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz”, una frase que se ajusta no solo a los lectores compulsivos sino también a aquellas personas que desean adquirir este hábito.

La lectura no debe ser una obligación o imposición, la lectura necesita ocasionar en el lector diversas emociones diferentes al tedio. Sin embargo, para algunas personas leer es aburrido quizás porque siempre han leído estrictamente por temas escolares o no han encontrado un texto que los atrape.

“Primera vez que me leo un libro completo porque a los del colegio les hacía trampa”, fue la reacción que tuvo una amiga después de que le prestara la novela ‘Satanás’ del escritor colombiano Mario Mendoza. Esa frase me dejó con dos sensaciones: una de felicidad por haber logrado conquistar una nueva lectora y por otra parte me reveló que las personas no leen porque no han encontrado la historia que los lleve por ese camino o se imponen libros. Y para cerrar, anoto que mi amiga después de terminar la mencionada obra me pidió otro libro y le presté ‘Me muero por vivir’ de Alexandra Castrillón (una nueva escritora), posteriormente continuó con ‘Noches blancas’ de Fiódor Dostovyesky y recientemente decidió comprar el libro ‘Lolita’ de Bladimir Nabokov.

Normalicemos no solo recomendar libros de escritores que están en la cúspide, sino también a aquellos que están iniciando. Hay que darles la oportunidad. Eso sí, debemos cerciorarnos que la obra tenga una redacción impecable y una historia bien narrada. Tal vez un escritor novato sea el encargado de darle vida a un nuevo lector.