Por Luz Andrea Gómez B.

Los escritores de la antigüedad les atribuyeron a las musas toda la inspiración de sus creaciones. Del mismo modo, en la Grecia Antigua las musas eran divinidades que usaban los sabios para crear no solo en el ámbito literario sino también en la música, las ciencias u otro arte. En los siglos VIII –VII a.c. se les rendía culto a nueve musas que fueron fundamentales para el desempeño de los artistas de la época: Calíope (elocuencia, belleza, poesía épica; Clío (historia); Erato (poesía lírica-amorosa); Euterpe (tragedia); Melpómene (cantos sagrados y poesía sacra);  Polimnia (danza y poesía Talía (comedia y poesía bucólica); Terpsícore (danza y poesía coral); y Urania (astronomía, poesía didáctica y ciencias exactas. 

En la producción de obras literarias y poéticas las mujeres han sido protagonistas de poemas o personajes de novelas que han trascendido en la historia de la literatura. Algunos escritores no usaron como musa inspiradora a las diosas del olimpo, divinidades, ni a ninfas, sino el amor de sus mujeres.

Almadelibros.com eligió a cinco mujeres que fueron el eslabon fundamental en la pluma de los escritores.

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Edith Aron

Julio Cortázar y Edith Aron.

Esta mujer que inspiró a Julio Cortázar para escribir su icónico e inolvidable personaje de ‘La Maga’ en ‘Rayuela’. Edith Aron nació en Homburgo, el 4 de septiembre de 1923Londres y falleció el 25 de mayo de 2020) y fue escritoratraductora literaria y docente. Ella se encargó de traducir las obras de Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares y Julio Cortázar. Este último conoció a Aron en un viaje en barco de Buenos Aires a Europa. “El me escribió diciéndome que había basado su personaje en mí, y nos pasaban, es verdad, cosas espontáneas como las de la novela. También hay algunos episodios, como ese en el que encontramos un paraguas viejo en las calles de París y le damos una ceremonia de entierro, que ocurrieron más o menos como los cuenta. Pero la Maga es un personaje literario”, contó la escritora a la Revista Diners.

Oh Maga, en cada mujer parecida a vos se agolpaba como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra. Justamente un paraguas, Maga, te acordarías quizá de aquel paraguas viejo que sacrificamos en un barranco del Parc Montsouris, un atardecer helado de marzo. Lo tiramos porque lo habías encontrado en la Place de la Concorde, ya un poco roto, y lo usaste muchísimo, sobre todo para meterlo en las costillas de la gente en el metro y en los autobuses, siempre torpe y distraída y pensando en pájaros pinto o en un dibujito que hacían dos moscas en el techo del coche, y aquella tarde cayó un chaparrón y vos quisiste abrir orgullosa tu paraguas cuando entrábamos en el parque, y en tu mano se armó una catástrofe de relámpagos y nubes negras, jirones de tela destrozada cayendo entre destellos de varillas desencajadas, y nos reíamos como locos mientras nos empapábamos, pensando que un paraguas encontrado en una plaza debía morir dignamente en un parque, no podía entrar en el ciclo innoble del tacho de basura o del cordón de la vereda; entonces yo lo arrollé lo mejor posible, lo llevamos hasta lo alto del parque, cerca del puentecito sobre el ferrocarril, y desde allá lo tiré con todas mis fuerzas al fondo de la barranca de césped mojado mientras vos proferías un grito donde vagamente creí reconocer una imprecación de walkiria”. Fragmento tomado de ‘Rayuela’, Julio Cortázar.  

Josefa Rodríguez Zebadúa ‘Chepita’

Jaime Sabines y ‘chepita’.

‘Chepita’ fue la musa del poeta mexicano Jaime Sabines, quien se inspiró en ella para escribir el poema “El día” incluido en ‘Horal’, el primer poemario publicado por el poeta a los 23 años de edad:  

Amanecí sin ella.
Apenas si se mueve.
Recuerda.

(Mis ojos, más delgados, la sueñan.)

¿Qué fácil es la ausencia?

En las hojas del tiempo
esa gota del día
resbala, tiembla.

En el libro ‘Los amorosos’ se recopilan las cartas que le escribía Sabines a su gran amor ‘Chepita’, quienes por múltiples ocasiones mantuvieron una relación a distancia y las misivas eran pieza fundamental para mantener vivo su romance.  “Jaime y yo nos conocimos desde muy pequeños. Entre nuestras familias existían viejos lazos de parentesco y amistad. Su madre y mi abuela materna eran primas en segundo grado, y mi padre fue testigo de la boda de tío Julio y tía Luz (los padres de Jaime Sabines). Ellos, a su vez, hicieron el papel de tutores de mi papá, Luis, quien fue huérfano desde muy chico, en el importante acto de pedir la mano de mi mamá, Esther. El primer recuerdo consciente que teníamos de nosotros sucede a la edad de diez y once años”, escribió Rodríguez Zebadúa en ‘Los amorosos’.

“Guarda tus ojos; ámame; guarda tu corazón; entiérrame en él; déjame que investigue mi nombre, mi presencia, mi imagen-“. Jaime Sabines.

Virginia Eliza Clemm 

Virginia Eliza Clemm  y Edgar Allan Poe.

El lazo de consanguinidad que unía a Edgar Allan Poe y a Virginia no fue impedimento para que se enamoraran y se unieran en matrimonio. Poe durante la unión estuvo involucrado sentimentalmente con las poetisas Frances Sargent Osgood y Elizabeth F. Ellet, los rumores de estas supuestas infidelidades ocasionaron problemas conyugales.

Los primos sostuvieron un corto romance, debido a que Virginia falleció a temprana edad a causa de la Tuberculosis. Luego de la muerte de su esposa por tuberculosis en enero de 1842, Poe se volvió alcohólico y le escribió el poema ‘Annabel Lee’.

Annabel Lee

Fue hace muchos, muchos años,
en un reino junto al mar,
que vivió una doncella a quien ustedes quizá conozcan
por el nombre de Annabel Lee;
esta señorita vivía sin ningún otro pensamiento
más que amar y ser amada por mi.

Era una niña y yo un niño,
en este reino junto al mar,
mas amábamos con un amor que era más que cualquier amor—
yo y mi Annabel Lee—
Con un amor que los serafines alados del cielo
codiciaban, de ella y de mi.

Y esta fue la razón por la que, hace tiempo,
en este reino junto al mar,
un viento sopló de una nube, helando
a mi hermosa Annabel Lee;
de tal modo que sus parientes de alta cuna vinieron
y se la llevaron lejos de mi,
para hacerla callar, en un sepulcro
dentro de este reino junto al mar.

Los ángeles, ni la mitad de felices en el cielo
se volvieron envidiosos de ella y de mi—
¡Si! esta fue la razón (como todos los hombres saben,
en este reino junto al mar)
por la que el viento surgido de esa nube en la noche,
heló y mató a mi Annabel Lee.

Pero nuestro amor era mucho más fuerte que el amor
de esos quienes fueron más viejos que nosotros—
de mucha más sabiduría que nosotros—
y ni los ángeles allá arriba, en el cielo
ni los demonios bajo el mar
podrán nunca separar mi alma del alma
de la hermosa Annabel Lee;

Pues la luna jamás brilla, sin traerme sueños
de la preciosa Annabel Lee;
Y las estrellas nunca saldrán, pero veo el brillo de ojos
de la bella Annabel Lee;
Y así, durante la marea en la noche me acuesto al lado
de mi querida— mi adorada— mi vida y mi esposa,
en su sepulcro junto al mar—
en su tumba al lado del resonante mar.

Simone de  Beauvoir

Simone de Beauvoir fue una filósofaprofesora y escritora francesa que luchaba por la igualdad de los derechos de la mujer. Es autora de obras como ‘El segundo sexo’, ‘La mujer rota’, ‘Memorias de una mujer formal’, entre otras. De Beauvoir fue la mujer que conquistó el corazón del escritor y filósofo Jean-Paul Sarte, y ambos sostuvieron una relación amorosa pero con la condición de tener libertad para tener amantes.

Fragmentos de algunas cartas entre los escritores:

De Simone de Beauvoir a Jean-Paul Sartre, 1938: 
Querido pequeño ser: Quiero contarle algo extremadamente placentero e inesperado que me pasó: hace tres días me acosté con el pequeño Bost. Naturalmente fui yo quien lo propuso, el deseo era de ambos y durante el día manteníamos serias conversaciones mientras que las noches se hacían intolerablemente pesadas […] Estamos pasando unos días idílicos y unas noches apasionadas. 

De Jean-Paul Sartre a Simone de Beauvoir, 1940:

 Mi querida pequeña, entiendo muy bien que pueda sentirse de lo más seca sin dejar de ser feliz, y cómo ésta puede ser una manera de echarme de menos. Yo siento lo mismo. Finalmente nos hemos curtido, y están también todos esos pequeños fastidios (permisos suspendidos, etc.) a los que hay que oponer un rostro impasible, entonces uno se siente seco por dentro pero de una sequedad un tanto acongojada. También yo, amor mío, quisiera sentir mi cuello rodeado por sus bracitos y besarla y hablarle. 

Mercedes Barcha

Gabriel García Márquez y Mercedes Barcha.

Mercedes Barcha fue amiga, esposa y la inspiración literaria del escritor Gabriel García Márquez. Ambos se conocieron cuando se celebraba una fiesta en Sucre en 1941, y ella solo tenía 9 años, mientras que él ya había cumplido los 13. La pareja contrajo matrimonio en 1958 y tuvieron dos hijos.

“La anciana que le abrió la puerta con una lámpara en la mano se compadeció de su desvarío, e insistió que no, que allí no había habido nunca una botica, ni había conocido jamás una mujer de cuello esbelto y ojos adormecidos que se llamara Mercedes”. Gabriel García Márquez, ‘Cien años de soledad’.